antoniorodEs una verdad innegable que España tuvo una transición ejemplar de un régimen dictatorial a la democracia, como innegable es que la misma fue debido en gran parte, a la altura o al enorme olfato político de nuestro Rey Emérito, Don Juan Carlos.

De hecho cuando sucedió a Franco, podría haber asumido la jefatura del Estado de manera plenipotenciaria, tal y como estaba previsto en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado.

Sin embargo, el rey le pide a Adolfo Suárez que haga la transición que nuestro país necesita, terminar con las dos Españas, autoriza la legalización del Partido Comunista, algo inaudito y controvertido, que el Partido Socialista Obrero Español formara parte del panorama político español con normalidad no en la clandestinidad, y otras muchas decisiones que se adoptaron sin pedir nada a cambio.

A través de la Constitución se configuró España como un estado monárquico, renunciando a la República, esta monarquía se configuró como parlamentaria, pues si bien es el Jefe del Estado no tiene funciones de gobierno y está sometido al control del poder Legislativo y del poder Ejecutivo, pero se introdujo de manera solapada la conformación de España como un estado federal.

El Artículo 2 de la Constitución Española establece: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles, y «reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran» y la solidaridad entre todas ellas.

Es decir, se ha logrado con lo entrecomillado, lo que habían pretendido en la primera República aquellos grandes presidentes, encabezados por el primer presidente, el señor Figueras Moragas, que su gran deseo fue fragmentar España en 17 Estados, que coincide exactamente con las 17 autonomías que han constituido.

¿Qué está sucediendo en estos momentos en España? Pues exactamente lo que sucedió en la Primera República, crisis económica, intrigas políticas tanto dentro como fuera de sus partidos políticos, con problemas territoriales (región vascongada y catalana), en medio de una fiebre federalista frente al mantenimiento de la unidad de España, con una Cataluña separatista, que le llevó a tomar aquella decisión inédita de marcharse a Francia, estableciéndose a su regreso en Madrid a pesar de ser de origen catalán para desarrollar su actividad como abogado. Le siguieron Pi y Margall, Salmerón y al final el afamado príncipe de la palabra, el señor Castelar, catedrático académico, que insistía en que el Estado Federal era la solución a todos los problemas de España.

Esta ambición de Castelar ocasionó una de las más brillantes intervenciones que se han oído en nuestras Cortes, precisamente la de nuestro paisano Fernando de León y Castillo, el 11 de Agosto de 1873, intervención que consta de 13 páginas, en la que le dijo y demostró a Castelar que era un sin sentido ir de la unidad de nuestro país a la fragmentación. No era fácil medirse dialécticamente con el brillante Castelar, pero sus argumentos eran de tal peso, que logró uno de los triunfos más sonados en la Cámara.

En discurso León y Castillo argumentaba que en ese momento de terrible convulsión nacional, hablar de federalismos era abrasar en un nuevo fuego las cenizas de las nacionalidades muertas que se habían transformado en una patria común. Le recordaba al Sr. Castelar que era incompatible ser español o patriota con ser federal, como él se había declarado, pues el federalismo proponía la disolución de la patria. Finalmente, Castelar retiró su propuesta de constitución de estado federal, pues según sus propias palabras, antes que republicano, antes que socialista, él era español.

Nuestros constituyentes diseñaron un país plurinacional, el estado de las autonomías, un estado tal y como se ha visto dificilísimo de sostener por su altísimo coste, algo innecesario que ha propiciado la insolidaridad, que ha hecho imposible la igualdad de oportunidad, y el secesionismo que no podemos ignorar que ya está rompiendo la gran nación que habíamos heredado.

La formación de estados dentro de nuestro país nos hace retroceder muchos siglos de historia. Supondría volver a antes de los Reyes Católicos, que el territorio nacional estaba dividido en coronas, y que se convirtió en la primera nación europea, supondría un claro retroceso social y económico.

Uno de los más famosos historiadores del mundo, Gabriel Tortella (catalán), dijo que la nación de naciones han acabado mal: la URSS, el imperio Austro-Húngaro, Yugoslavia. … Dijo que se ha demostrado que la nación de naciones es un semillero para la gran guerra civil.

También dice: «no hay pruebas de que Cataluña haya sido un país». Sobre la nación vasca, recomiendo la lectura del gran artículo del señor Carrascal: Nación, Estado, Patria.

Me entristece mucho ver como juegan algunos políticos con los sentimientos de los españoles residentes en las distintas autonomías, aprovechándose, como ocurrió en la Primera República, de una situación ciertamente convulsa, para impulsar la división de nuestro nación. Me entristece que se oculte deliberadamente a la sociedad, los datos de viabilidad económica que supondría la fragmentación de nuestro país, error que ya se cometió en el pasado con la constitución de las autonomías y sus correspondientes 17 estructuras mastodónticas, que estamos pagando a duras penas.

La «desconexión» de las autonomías, el desmembramiento de nuestro país, además de hacernos retroceder a la peor parte de nuestra historia, de ir contra los principios racionales de competitividad y economía, supondría una grave división social en un momento francamente difícil.

Antonio Rodríguez Suárez,
español nacido en Canarias.