Decía el periodista Esteban Hernández en un reciente artículo publicado en el diario digital El Confidencial, titulado Las élites y sus palmeros que: “Alguien tiene que decirles que muchos de los males con los que deben lidiar y, que aseguran que son un problema, están causados por las acciones económicas y políticas desarrolladas por las élites”.

En efecto, estoy totalmente de acuerdo con la opinión del Sr. Hernández en la que se recoge que la clara intención de expertos e intelectuales de toda índole o especialidad, de convencer a la sociedad de que lo más conveniente es mantener el orden establecido y ratificar lo que el poder piensa y que cualquier intento de cambiar conduciría al desastre.

A este respecto, a lo más que llegan estos colectivos de intelectuales y expertos es a hablar de innovación, de las bondades de la tecnología, de la necesidad de conservar el orden político existente para no caer en el caos, y de la urgencia de las reformas en el ámbito económico, especialmente en el laboral para no seguir cayendo.

Si bien este artículo centra la reflexión en la sociedad europea en general y, española en particular, lo cierto es que es perfectamente aplicable a la sociedad canaria, aunque con diferencias de calado.

El declive de la clase media occidental, y el empobrecimiento de las clases trabajadoras son causas evidentes de las transformaciones políticas de los últimos años.

El empobrecimiento de la clase media europea ha beneficiado claramente a la sociedad oriental; el capital y la tecnología que se ha regalado a China ha permitido a las élites occidentales ganar más dinero y ha convertido a este país asiático en una enorme potencia económica que perjudicará a Europa.

Sin embargo, los expertos en economía, salud, periodismo, política o sociología insisten en las bondades de nuestro actual sistema, y que el cambio sería el caos. Dice Hernández: “Este tipo de comportamiento palmero es exactamente lo contrario de lo que el mundo intelectual ha de aportar a la sociedad”. Entiendo que es necesario que aparezca una corriente de opinión, una esfera de pensamiento de expertos capaces de replantear sus disciplinas hacia la realidad económica y política para salir de este mundo ficticio que han ayudado a crear.

Si miramos y analizamos la Comunidad Autónoma de Canarias, así como las manifestaciones de sus políticos y expertos, las élites, encontraremos esta misma realidad pero recrudecida.

Sabemos que somos la Comunidad Autónoma con mayor pobreza y riesgo de ex-clusión social, con un índice de paro insostenible, con un modelo económico incapaz de generar empleo proporcional a la demanda (salvo comercio y turismo), con una profunda desigualdad social, en la que se ha producido un profundo empobrecimiento de las clases medias y trabajadoras, y en la que el 0,28% de la población dispone del 50% del Producto Interior Bruto de Canarias.

Sabemos que el modelo de desarrollo económico y social recogido en el Régimen Económico y Fiscal de Canarias –REF– que lleva vigente más de veinticinco años es lo que ha configurado un sociedad económica tan desigual y empobrecida, pero lo único que oímos de las élites canarias es que somos unos privilegiados y que no conviene como canarios, opinar en contra de el mismo.

Es cierto que este modelo contó con un apoyo unánime en el Parlamento de Canarias, y es cierto que es la opinión generalizada de los expertos: asesores fiscales, economistas, periodistas es favorable al mismo.

El mantra de que no conviene cuestionar el REF se repite hasta la saciedad por la clase política, algunas organizaciones empresariales, y algunas organizaciones de la sociedad civil.

Pero es que además de manera empecinada tratan de trasladar a ámbitos políticos superiores, como el nacional o el europeo, el amplio consenso de la sociedad canaria con este modelo económico y social.

Tan es así, que si cogemos informes realizados por expertos en distintos asuntos canarios, todos comienzan anunciando el amplio consenso de la sociedad canaria sobre éste, o aquél asunto.

Y esto no responde a la realidad, en unos casos porque la sociedad canaria no conoce el asunto (como es el caso del REF), porque deliberadamente (o no) no se habla del mismo (como es el caso del Arbitrio sobre la Importación y Entrega de Mercancías en la islas Canarias, AIEM), o porque beneficia a tan pocos, que apenas tiene relevancia para la sociedad, aunque suponga un gran beneficio fiscal para sus destinatarios ( RIC, ZEC, bonificación fiscal por actividad productiva)…

Si cogemos el documento que se remitió de Canarias a Madrid y a Bruselas con las medidas que conforman el REF en la parte fiscal, comienza destacando el amplio consenso social que en Canarias tienen el mismo; algo similar, en el documento remitido con las medidas que conforman el REF en su parte económica; pero es que coges el Informe Intermedio del período 2014-2016 que el Gobierno de Canarias remitió a Bruselas sobre el AIEM –tal y como estaba obligado– también dice que cuenta con gran consenso. Hasta el más reciente documento sobre la Estrategia Operativa de Internacionalización de la Economía Canaria, habla del gran consenso.

Sinceramente, los expertos, las llamadas élites, creen que la sociedad canaria, una sociedad empobrecida y desigual, está de acuerdo con pagar un impuesto indirecto como es el Arbitrio sobre la Importación y Entrega de Mercancías a las islas Canarias –AIEM– que supone una recaudación mínima de 150 millones de euros, que influye directamente sobre los precios de la cesta de la compra, que para más INRI, es la más cara del territorio nacional.

Creen los expertos y élites canarias que podemos estar de acuerdo con la existencia de una figura fiscal indirecta que por definición es la más injusta, ya que la pagamos todos por igual con independencia del nivel de renta de cada uno, cuando además de tener la cesta de la compra más cara, tenemos más gente en pobreza y exclusión y que lo pagan los canarios cada vez que acuden al supermercado a comprar sus productos básicos. ¿De verdad lo creen? Yo, sinceramente no. Creo que la inmensa mayoría de la sociedad lo desconoce.

Por eso, cuando otros empresarios, entre los que me incluyo, algunas organizaciones empresariales, algunas organizaciones de la sociedad civil, y expertos, que por supuesto también son élite, manifestamos nuestro disenso, y la necesidad de cambiar de una vez por todas el REF de Canarias, para que beneficie a toda la sociedad, se nos trasmite, también como un mantra: “O esto, o el caos”.

Llegados a este punto, creo que en Canarias es donde más urge que se unan expertos, empresarios, sociedad civil e intelectuales que conserven toda su independencia (lejos del comportamiento palmero) y que sean capaces por conocimiento y voluntad, de hacer cambiar este modelo económico y fiscal, a las necesidades de Canarias y de todos sus habitantes.

No, en Canarias no hay un amplio consentimiento, señores. Cada vez somos más los que sentimos que hay que cambiar.

Sebastián Grisaleña Sánchez.
Presidente de honor de la Confederación Canaria de Empresarios