La Confederación Canaria de Empresarios (CCE) presentó ayer su Informe Anual de la Economía Canaria.

Entre los aspectos más destacables la CCE advierte signos de agotamiento por el moderamiento de la creación de empleo y la debilidad del consumo interior y el sector exterior del Archipiélago.

2019 y 2020 cerrarán con un crecimiento positivo, pero menor que en los últimos años. A final de 2018 el PIB registró un incremento del 2,4%, tres décimas menos que un año antes y un punto menos que en 2016. Para este año se estima un avance superior al 2%, pero en 2020 el crecimiento será inferior a esa cifra, aunque mayor que la media europea.

Entre 2007 y 2016, Gran Canaria se mantiene como la isla más afectada por la recesión. Su PIB solo crece un 0,3% por la fuerte caída de la construcción y la industria durante los peores años de la crisis. Tenerife, por contra, presenta un avance más favorable en comercio y hostelería, con un crecimiento del 1,1% en su PIB.

En general, la provincia oriental acusa más la desaceleración como consecuencia de los síntomas de agotamiento del sector turístico.

El pasado año Santa Cruz de Tenerife aumentó su ocupación un 7,2%, frente al 2,6% de Las Palmas.

En cualquier caso, los síntomas de desaceleración que muestra la economía regional y la caída de la productividad en un 1,6% no hacen prever una nueva recesión este año ni en el próximo ejercicio.

Tanto en 2019 como en 2020 Canarias creará empleo, pero en niveles inferiores al de los últimos ejercicios. En 2018 el trabajo creció en todos los sectores, en especial en la construcción. La contratación indefinida (12,5%) creció con más fuerza que la temporal (3,1%).

En cuanto al turismo, casi todos los indicadores retrocedieron, salvo el gasto turístico que aumentó un 2%.

La construcción y los servicios lideraron el crecimiento del Archipiélago el pasado año, al crecer un 8% y un 2,6%, respectivamente.

El informe de CCE indica que la economía canaria presenta una estructura más terciarizada que en 2007. La recuperación llegó gracias a los servicios, sobre todo de actividades ligadas al turismo, que ahora se resiente. El mercado interno, por contra, no ha alcanzado los niveles precrisis. Esto, unido a la menor capacidad para exportar, provocan una bajada de la productividad.