Estimado señor Clavijo, nadie me las ha pedido, pero yo le voy a dar las razones que ocasionan esta incomprensible y muy tímida respuesta.

Sé que con una frase de 4 ó 5 palabras podría dárselas, pero prefiero extenderme con un artículo que intentaré sea lo más corto posible.

Hace unos 500 años muchos ciudadanos de la España peninsular, enterados de que Artemi Semidán (don Fernando de Guanarteme), rey de Canarias, y nuestro rey don Fernando el Católico llegaron a un pacto o acuerdo que no tenía otra finalidad que la de compensar, para siempre, el gran costo que conllevaba y conlleva la situación geográfica del territorio que se incorporaba a la Corona de Castilla, -acuerdo que, entiendo, no les llevaría mucho tiempo en lograr pues las razones que dieron eran de una indudable evidencia- trasladaron su residencia a Canarias. Entre ellos nuestros antepasados y, estimado señor Clavijo, todavía continuamos aquí.

Durante todos estos años siempre se cumplió lo pactado con denominaciones diferentes, primero los Fueros de Gran Canaria en 1850, posteriormente ratificados en 1900 bajo la denominación de Puertos Francos de Canarias, y finalmente en 1972 con el Régimen Económico Fiscal de Canarias (REF).

Pasaron cortos periodos en los que las compensaciones se dejaron de aplicar (se incumplió lo pactado), pero gracias a las acertadas intervenciones en Madrid de la preocupada y fantástica burguesía Canaria se reiniciaba nuevamente el cumplimiento de lo tratado. Desconozco la literalidad de todas estas intervenciones, no llegan a tanto mis modestos conocimientos, pero sí puedo transcribir las fantásticas palabras pronunciadas en su momento por don Juan Bravo Murillo: “Declárense Puerto Franco las Islas Canarias, y todos estos inconvenientes desaparecerán. Sueltas las trabas que embarazan ahora la acción mercantil, se formará allí naturalmente un gran centro de contratación, acudirán los capitales, se crearán establecimientos, se fomentará el trabajo; y aquellas Islas, ahora olvidadas, serán el enlace y el punto de comunicación de apartados continentes. Sea cual fuere el sistema económico que prefiera la opinión de cada uno, nadie podrá negar que las condiciones mercantiles de las Islas Canarias son esencialmente distintas de las que concurren en la Península”. Sabias palabras.

El segundo período, llamemos de incumplimiento, se produce en 1936 por las tristes e indeseadas razones de todos conocidas.

Y es en 1972, con el Régimen Económico y Fiscal mencionado, cuando se recuperan nuevamente gracias a la gran intervención de aquellos fantásticos procuradores canarios. Bien es verdad, y esto sí lo puedo asegurar, que no era para nada igual a aquello acordado en el siglo XV.

Pero sí quiero resaltar el texto del inicio de dicha ley de 1972: “Canarias desde su conquista a finales del siglo XV ha venido disfrutando de un régimen económico fiscal excepcional respecto del vigente en el resto del territorio nacional. El carácter insular, la lejanía, las especiales condiciones geográficas, geológicas y climáticas, así como la escasez de recursos naturales ha aconsejado históricamente la adopción de este régimen específico”, etc, etc.

Señor Clavijo, desde el siglo XV todos los argumentos son exactamente los mismos. Durante este largo período de más de 500 años siguen siendo los que eran, por lo que no es de recibo la sentencia del Tribunal Constitucional 62/2003, que dicen tiene un sentido finalista. Por lo visto, estos muy ilustres señores políticos han creído que los alisios ya nos pusieron al lado de Cádiz y ustedes, supuestamente, dieron por hecho que ya en 1991 se había consumado definitivamente nuestra arribada a dicha provincia andaluza. Ustedes fueron los que entonces decidieron una reforma fiscal canaria que derogó todos los principios de nuestros históricos fueros, y si bien las otras dos ocasiones se debieron a causas ajenas a decisiones políticas y ocurrieron en la época que España era España y nuestro archipiélago una gran región, ahora esta tercera ocurre cuando ya España dejó de ser la nación más antigua de Europa y nos convertimos, según don Pedro Sánchez, en la nación canaria.

En definitiva, mi frase de cuatro o cinco palabras con la que se resume todo esto es la siguiente: “Ustedes no son creíbles”. No. Ni usted lo es señor Clavijo ni tampoco su formación. Es más, ningún partido ni político canario lo es ya que siempre existe unanimidad en los acuerdos. No son sólo responsables los de Madrid (aunque sí los considero responsables subsidiarios), son también responsables los políticos canarios, hijos, descendientes de aquellos ciudadanos que en su día no fueron engañados por sus gobernantes.

Es por esto que nuestros potenciales inversores se muestran tan tímidos e incrédulos, y se preguntan si estos señores políticos respetarán o no a nuestros descendientes los derechos que nos están ofreciendo.

Señor Clavijo y su variada pluralidad de acompañantes: reflexionen, rectifiquen y demuestren que ustedes con su buen proceder y hacer lograrán hacer saltar de júbilo a aquellos fantásticos antepasados que vinieron a estas lejanas y hermosas tierras a engendrar descendientes con la capacidad de entender que lo que les hizo venir aquí no fue ningún ofrecimiento de privilegios, no. Fue la garantía, para ellos y sus descendientes, de poder vivir aquí con los mismos derechos y oportunidades que tendrían en su tierra de nacimiento.

Un saludo afectuoso a usted, señor Fernando Clavijo, y a todos los que unánimemente le han respaldado.

Antonio Rodríguez Suárez.