El comercio electrónico se ha disparado durante la cuarentena por el cierre forzoso de la mayoría de comercios y el miedo a salir a la calle del consumidor.

Este auge del ecommerce no acabará con el confinamiento, sino que acelerará un proceso de digitalización que ya estaba en marcha, según los expertos. Las pequeñas y medianas empresas temen quedarse rezagadas.

Como siempre, los gigantes tecnológicos son los que saldrán beneficiados por el cierre de los pequeños.

En Cecapyme vemos cierta competencia desleal en que algunos de estos grandes puedan seguir vendiendo productos no esenciales mientras las empresas tradicionales están cerradas por un problema sanitario de prioridad. Esto agrava una crisis del comercio tradicional que no tiene medios para adaptarse a la transformación digital.

Sin embargo, hay algunas iniciativas que celebramos, como el mercado digital Gran Canaria Me Gusta, promovido por el Cabildo, que facilitan las ventas a domicilio y permiten que los pequeños empresarios tengan algo de actividad.

Pero esto es a corto plazo. A largo, las empresas locales no tienen capacidad de adaptarse al comercio digital, especialmente por las limitaciones a las exportaciones en aduanas.

Comprar online es darle el dinero a empresas internacionales que no cotizan aquí y destruyen el tejido empresarial nacional.

La digitalización de las compras es difícil de detener, pero la tienda física cuenta con la ventaja de un buen servicio y trato directo y la oportunidad de ver y probar los productos.