Me gustaría empezar por recordar dos grandes intervenciones de Su Majestad Felipe VI en dos foros muy distintos.

Por un lado, en la Asamblea de la ONU en el año 2015, nuestro rey, ante todos los jefes de estado allí presentes, dijo: «Estamos aquí para comprometernos en nombre de nuestros pueblos, a transformar el mundo en los próximos quince años. También para comprometernos en nombre de nuestros pueblos a librar a nuestro mundo de la pobreza extrema y del hambre, que hoy aflige a una buena parte de la humanidad. Lo vamos a cambiar entre todos. Esta es nuestra convicción y este es nuestro compromiso».

Añadió que la globalización de las finanzas, tecnología, información, debe ir acompañada por la globalización de la solidaridad, del conocimiento, de la equidad y de la dignidad humana. Es esencial conseguir un desarrollo con igualdad, el disfrute real y efectivo de derechos y de la igualdad de oportunidades para todos. Igualdad también para las mujeres.

En ese mismo año, en el 2015, intervino en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo y dijo que no es posible concebir España sin Europa, ni Europa sin España. Afirmó con rotundidad que era europeo, porque era español, para subrayar que «Europa es donde los españoles queremos estar, donde nos merecemos estar y donde permaneceremos siempre». Si reflexionamos a propósito, de las frases y deseos de Su Majestad en ambas intervenciones, y lo relacionamos con la situación económica y social de Canarias, vemos que estamos alejados de los mismos. No es una afirmación alarmista o grandilocuente realizada por mi parte, responde a la foto de nuestra sociedad, y que comparto brevemente a continuación.

Canarias encabeza el ranking de comunidades autónomas españolas con más población en riego de pobreza y exclusión social, exactamente el 48,8% de nuestra población, con unas cifras de paros insostenibles, especialmente graves para nuestros jóvenes, y en el que una población inferior al 0,30% de la misma atesora más del 50% de nuestro Producto Interior Bruto.

Pero es que, además, esta grave situación de desigualdad social va acompañada de una desigualdad fiscal profunda en tres niveles: desigualdad fiscal entre ciudadanos y empresas, desigualdad fiscal entre empresas, y desigualdad fiscal entre personas y empresas canarias, residentes en Canarias y el resto del territorio peninsular. Por tanto, tampoco existe en Canarias la igualdad de oportunidades, que usted, Majestad, deseaba para los países y estados miembros de la ONU para los próximos quince años.

Estoy seguro que Su Majestad, por su extraordinaria pasión por la historia, además de su propia formación, debe saber que cuando se incorporó Canarias a la Corona de Castilla, don Fernando el Católico y el rey danario Artemi Semidán (don Fernando de Guanarteme) llegaron a un pacto, que tenía como único objetivo que todos los habitantes de Canarias tuviesen en lo posible igualdad de oportunidad de desarrollo económico y social que los habitantes del resto de los españoles, concediendo un 80% de bonificación fiscal, y franquicias arancelarias y al consumo, para lograr, como digo, el abastecimiento de productos y bienestar en nuestra tierra. Este fuero se justificó por el hecho diferencial del archipiélago (hecho diferencial que viene recogido en la propia Constitución Española), a la lejanía, fraccionamiento, escasez de recursos naturales, dependencia casi total del exterior, es decir, condicionantes todos que son estructurales. A pesar de lo cual, nuestros gobernantes, a raíz de nuestra plena integración a la Unión Europea intentan compensar, no sólo con legislaciones temporales, sino además sujetas a autorizaciones, europeas y nacionales, que están supeditadas a la coyuntura política y económica del momento. Nuestro derecho a la Igualdad de oportunidad, es yo afirmaría inalienable, nadie lo debería quebrar, al igual que lo estructural de nuestra situación, nadie lo puede cambiar.

Majestad, dice Vd que es europeo, porque es español, y los canarios, ¿qué somos, ante este nivel de desigualdad social existente, desigualdad fiscal, y sobre todo, sin las mismas oportunidades? Cierto es que todas las normas que han propiciado esta situación han partido de nuestro Parlamento autonómico, a propuesta de nuestros representantes políticos, como he dicho con la anuencia del Gobierno central y Europeo, pero creo que reviste la suficiente gravedad, para que Ud., Majestad, como defensor de la solidaridad, de la justicia y de la igualdad de oportunidades, promueva acciones que reviertan la misma. Soy consciente que su papel es el de jefe del Estado, y no legislador, pero su innegable auctoritas podrá mover conciencias.

Antonio Rodríguez Suárez